“Messi, el nuevo capitán, Brasil, el campeón sin fervor”

Le hicieron creer que era líder, conductor y capitán demasiado temprano. Eso fue nocivo para la Selección y para él.

En Barcelona ese rol lo cumplían Iniesta y Xavi y liberaban a Messi para que en su juventud y plenitud desequilibrara en libertad; en Argentina estaba Riquelme y varios entrenadores lo desecharon, de Basile para acá.

Messi no había adoptado aún aptitudes para conducir, liderar, asumir el rol de capitán. No lo necesitaba. No requería tampoco entender el juego, directamente lo ejecutaba, y lo ejecuta, como los dioses, y había otros para comprender y decodificar lo que pasa en cancha. Adelantar los tiempos en la Selección provocó cargarle una mochila demasiado pesada. A partir de ahí cada título perdido fue “su culpa”.

Hoy, después de tantas frustraciones en la Selección, cuando tiene 32 años, llegó a la madurez futbolera. Cuando ya no tiene aquella explosión imposible de detener. La experiencia es un peine que te dan cuando te quedás pelado, dice el refrán. Pero Lio está en condiciones de desafiar esa máxima y liderar una transición hacia una nueva etapa de la Selección, la de los Foyth, los Paredes, los Dybala, los Lo Celso, los Lautaro Martínez. Probablemente todavía con Agüero como acompañante en algunos momentos.

El Messi de la Copa América por fin fue líder dentro y fuera de la cancha. Después de una floja primera parte afloró una mejor versión ante Brasil, y luego, en las declaraciones posteriores a los últimos dos encuentros, se cargó todo el perjuicio que sufrió la Selección en esta competencia .

Brasil fue, con poco, el mejor equipo. Quizá no necesitaba el bochorno de los arbitrajes y el VAR a su favor. No se puede hacer historia contrafáctica. Si la verificación tecnológica se hubiera utilizado contra Argentina se podría hablar hoy de otro desenlace, o no. Eso sí, el mejor equipo no fue mejor que el mejor Messi al mando de una Selección que lo igualó y hasta superó en situaciones.

Brasil tuvo, al cabo, el premio consuelo de su Copa América después de la vergüenza de que la aún no se recuperan los “torcedores”, el 1-7 en el Mundial propio. Tuvo “cuatro Copas” en seis años, jugó cuatro finales en el Maracaná.

Ganó tres: la de la Copa Confederaciones ante España, la de los Juegos Olímpicos frente a Alemania, esta con Perú (también sin brillo, y con algo más de “ayuda”). Pero la final que más deseaba ni siquiera pudo disputarla. Quizá por eso se explica el escaso fervor en las calles por este título.

Y que la mitad de los hinchas haya dejado el Maracaná sin ver la coronación y vuelta olímpica. De la mitad que quedó, la mayoría silbó a Bolsonaro, el símbolo más patético del retroceso que sufrió este país de aquella primera Copa a esta última.

Por Vito Amalfitano
@vitomundial

Enviado desde Río de Janeiro, Brasil

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